jueves, 3 de noviembre de 2011

Sonrisa

Hoy me he levantado con ganas de sonreír.

Con lo bien que me sabe el café a primera hora, con ese cigarro fumado en la terraza mientras entra el primer aire de la mañana. Con los buenos días de mis amigos, con el dibujo de las gotas en los charcos. Con el olor de la hierba húmeda, con el cuadro de hojas cayendo de un árbol.

Con el beso y el abrazo de mi hijo por la mañana, con su cara de sueño mientras se arrastra a la ducha. Con su cabeza en mi pierna en el tren, con su surrealista conversación mientras caminamos.

Con la imagen de una pareja cogidos de la mano, con el libro que disfruto en soledad. Con la canción que de repente descubro (o me descubren), con la que me trae recuerdos, buenos o malos, pero de mi vida.

Sentándome en el sofá a ver una serie, o con la cerveza a la que me invitan mis amigos.

Con la sonrisa de un desconocido, con el apoyo implícito de un amigo.

Tengo tantas cosas por las que sonreír, que no quiero pensar en lo que podría tener. Lo difumino y lo aparco en el cajón de las cosas que no tengo. Y no es un cajón tan grande comparado con el armario de donde saco todo lo bueno. 

Lo que tuve, lo que pudo ser solo es una pérdida de tiempo. De un tiempo que no vuelve y que no me sirve. Que me sirvió y que disfruté, o que fue inútil pero tenía su sentido.

Pero tengo tantas cosas...que solo puedo sonreír.

martes, 1 de noviembre de 2011

Princesa

Ibas para princesa. Así te llamaba Yago, ¿recuerdas?. Eras su princesa búlgara, hace tres años cuando jugabas con él. Para un niño de ocho, una niña de doce como tú, tan rubia, con esos ojazos azules y esa sonrisa...

Te vi hace dos sábados, en un banco cualquiera cerca de casa. Litronas semivacías a tu alrededor y acompañada de gentuza que te duplicaba sobrádamente la edad. De todo el cuadro lo peor era tu mirada. Me mirabas pero no me veías o quizá me veías pero no me mirabas, no lo se. Y los colores, tu piel ya no era blanca sino mortecina, tus ojos no eran azul cielo sino del color del hielo y tu pelo no era rubio sino descolorido. 

Se me cayó el alma al suelo, junto a mis pies, y ahí se quedó. No creo que pueda olvidar esa foto jamás. No quiero olvidarla.

La semana pasada se completó el cuadro, supe que esa misma mañana que te vi, le habías dado una paliza a tu madre con una barra de hierro. Policía, servicios sociales, fiscalía y te encierran en un centro de desintoxicación y terapia.

Supe que tu vida había ido cuesta abajo desde los doce. Demasiada calle, malas compañías, drogas y ahora ya estabas perdida. Ultimamente habías perdido ya el control, para conseguir lo tuyo y lo de tus "amigos" robabas y prestabas tu cuerpo a todo aquel que tenía algo que dar. Espero que tu alma siguiera siendo toda tuya. Y acabas de cumplir quince años.

Ahora te encuentras recluida en una especie de cárcel. A tu madre no la dejan verte hasta dentro, al menos, de dos meses. Y tú estarás un año allí. No se rezar, pero sin mucha esperanza, pido a quien corresponda que seas capaz de ver la oportunidad que te están dando. No solo que salgas limpia de ahí, eso lo doy por seguro, sino que encuentres otras cosas que te enganchen cuando estés fuera, que no vuelvas a lo mismo. Que olvides lo único que has conocido durante tu niñez. Y la empieces a vivir de otra forma.

No se si te volveré a ver, aunque no quiera olvidar, espero que la última imagen que tenga de ti vuelva a ser la de la niña rubia de sonrisa arrebatadora y feliz. Y con toda la vida por delante.

Mucha suerte princesa, depende de ti.







(Soy un egoísta, cuando recibo una mala noticia, me apeno muchísimo por la persona...durante unos minutos. Y luego empiezo a pensar en mi, como me afecta o me afectaría. Y pienso en mi hijo, que empieza a entrar en esa edad, y no se como podría evitarlo. Quiero creer que no es una lotería, que no puede ser, que algo se puede hacer. Amor. Miedo, pánico, pavor)